Tal vez has visto el video de sus prácticas previas al draft del 2009. O has oído hablar sobre sus hábitos de trabajo durante su largo camino de vuelta a la cancha tras la fractura en la rótula que le costó su temporada de novato, cuando comenzó las sesiones de rehabilitación mucho antes de que los secretarios llegaran a la sede de los Clippers. Creías que en Griffin tenías un ejemplo del esfuerzo.
Luego comenzó la temporada 2010-11. Los primeros puntos de la carrera de Griffin llegaron en una volcada. Y parecía que cada uno de sus tiros de campo llegaba de manera igualmente espectacular. Entonces creíste que en Griffin tenías emoción.
Ambas buenas suposiciones, pero no capturan su esencia.
Si te pones a pensarlo bien, te darás cuenta de que la palabra clave para Griffin es creación.
Tuvimos nuestra primera pista en un video del sitio Web de los Clippers, en el que Griffin y su compañero DeAndre Jordan estaban haciendo trucos con sus lanzamientos en el patio trasero de Griffin. Picaba el balón en la pared, lo hacía rebotar contra el balcón de arriba, sobre una cerca y a través del aro, y acertó un disparo desde el otro lado del patio. Fue lo suficientemente creativo como para encontrar todas las maneras posibles de crear un tiro en su propiedad.
Puedes ver lo mismo durante los partidos. ¿Cuántos jugadores pensarían que el mejor camino para clavar una volcada de contraataque sería esquivar a un defensor, entrar girando al carril, mantenerlo en tu cadera y luego elevarte sobre él? La mayoría de las mentes no piensan de esa manera. Y menos aún las mentes anexadas a cuerpos de 6-10 pies y 250 libras.
Si combinas todo esto tienes a alguien que crea entusiasmo y oportunidades a partir del esfuerzo y la habilidad. Es una mezcla impresionante, y podría llevarlo a ganar el premio al Novato del Año.
Elegí a John Wall como favorito porque el base armador de los Washington Wizards iba a tener el balón en sus manos para iniciar casi todas las posesiones. Wall tiene una ventaja que es similar a esta descripción por Lamar Odom de Derrick Rose: "Él es su primera opción, y tiene el balón primero". Griffin, en cambio, dependía de un ineficiente Baron Davis y de un Eric Bledsoe con poca experiencia en la posición de armador. También es más fácil aplicarle una marca doble a Griffin en la posición de alero que a un base en el perímetro.
Pero Griffin encuentra formas de crear sus propios tiros con rebotes ofensivos. Baja uno de esos y de pronto se encuentra frente a un disparo a quemarropa, a menudo ante un solo defensor y a veces incluso ante ninguno. Griffin promedia cuatro rebotes ofensivos por partido, aunque parece que a veces baja esta cantidad en un solo viaje por la cancha. Pero estas segundas oportunidades lo ayudan a ocupar el segundo lugar entre los novatos en intentos de gol de campo por partido; y si redondeas para arriba sus 14.7 tiros por partido y redondeas para abajo los 15.3 de Wall, están parejos.
Antes de los juegos del miércoles se encontraban exactamente iguales en promedio de anotaciones, con 18.9 por partido, la mejor marca entre los novatos. Griffin encabeza a los novatos en rebotes por su cuenta, y sus 11 tablas por noche son cuatro más que la suma de quien le sigue, DeMarcus Cousins.
Aún más impresionante que las estadísticas de Griffin es lo que está haciendo en el universo de la NBA. Nos ha dado una buena razón para ver a los Clippers. Con su estilo frenético, en cualquier jugada es una amenaza para romper el aro o romperse un hueso. Deberían llamarlo Break Griffin. Es una mezcla de un joven Charles Barkley y Evel Knievel. ¿Alguna vez pensaste que veríamos esta combinación?
Griffin ha creado un nuevo paradigma en el básquetbol.
Por J.A Adande
ESPN.com
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